un avance

Hace unos años caminaba por Perú, en medio de la Sierra y encontré una casa. Una casa pequeña y humilde, de madera y barro, con dos perros que no pararon de ladrar y correr al darse cuenta que me acercaba. Frente a ella habían un huerto y una Parra que, con una sombra tentadora y un aroma a fruta fresca, me invitaban a buscar algo más que un poco de agua. Habían sido dos días caminando, y ya estaba sintiendo que Soledad era algo mas que una palabra o un nombre.

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